Despeje mental, gran palabra. Algo extraña pero muy significante igualmente.
El despeje, la salida de la mente, el no tener nada, el dejar el atrás a un lado, dar por finiquitado algo.
Mental, relativo a mente, que está en tu cabeza, que te vuelve loco.
Hoy he leído que se dan muchas cosas por amor, que se hacen tantas tonterías que son casi impensables. Haces cosas que al pensarlas te ves como tonto, es el amar tanto, el no saber hasta donde puede llegar tu querer.
El amor es bonito, gratificante, pero difuso, diluido, extraño y traicionero.
Va y viene, no queda quieto. Es revoltoso, iluso y chistoso. Haces cosas sin pensar, lo das todo, nada vale, todo nos queda.
Me gusta el amor, no tanto el desamor. No me gusta hacer tonterías, pero he hecho. Me gustan las caras de los enamorados, esas miradas de tontis que se hacen, el respirar el aire fresco de la calle, ver el sol más bonito que nunca, sentir la felicidad en ti, ver a tu alrededor el mundo perfecto, bonito. Las estrellas te miran, tu las miras, el sol radiante, las nubes con formas, el mundo distinto, una excusa más para evadirse de la pura realidad.
Suelo decir que los enamorados son tontos, pero sin ellos la vida no es tan gratificante, la vida no te llena, te queda un vacío en ti, en tu alrededor.
Todos tenemos un alma gemela, que llega o se va, se queda o se pira, nace y sobrevive, o muere.
El amor es bonito, no hagamos que se convierta en un sufrimiento. Que sea tan bonito como pintan y que sea perfecto. Digamos las cosas claras, que no queden quizás, que no quede nada. Seamos extravagantes y a su vez perfectos camaradas, espías de la noche, almas libres.
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