domingo, 9 de enero de 2011

Cris y el rompeolas

Cris solía ver la estampa típica de la puesta de sol. A su frente el horizonte, un mar brillante y estable. El sol en el centro y a lo lejos la visión borrosa y apagada de un barco.
Ella solía estar sentada en el rompeolas, siempre en el centro pues así podía notar como el agua rozaba aquellas gigantescas piedras y el sonido fuerte y duro penetraba en su oído.
Aquello solo ocurría las tardes de invierno, pues en verano el incansable sonido de los turistas no dejaba que ella escuchase lo que el mar le decía.

Muchas cosas a lo largo del tiempo ha podido escuchar, pero sobre todo lo que ha hecho ha sido reflexionar.
Todo tipo de reflexiones suelen aparecer en su mente, sin embargo, cuando el problema parece que va a llegar, desaparece o se camufla.

Por eso siempre seguirá mirando la puesta de sol desde aquel rompeolas, y así los portales de la luna serán su vida, su hogar, y nada ni nadie lo cambiará, pues qué mejor que disfrutar de lo que tenemos.

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